En los últimos años, las tarjetas revolving se han convertido en uno de los productos financieros más litigados en los juzgados españoles. Miles de consumidores han descubierto que, tras años pagando sus cuotas puntualmente, su deuda apenas disminuye. ¿El motivo? Un sistema de amortización que, unido a intereses muy elevados, convierte estas tarjetas en una auténtica trampa financiera.
¿Qué es una tarjeta revolving?
Una tarjeta revolving es un tipo de tarjeta de crédito que permite aplazar los pagos mediante cuotas mensuales. A diferencia de una tarjeta de crédito tradicional, en la que el gasto se liquida a fin de mes, en las revolving la deuda se “renueva” constantemente: el cliente paga una cuota fija o un porcentaje, pero el crédito disponible vuelve a incrementarse, generando un ciclo de endeudamiento continuo.
El problema surge cuando estas tarjetas aplican tipos de interés muy elevados, habitualmente superiores al 20% TAE, e incluso cercanos o superiores al 25-27% TAE, lo que provoca que la mayor parte de la cuota se destine a intereses y apenas se amortice capital.
¿Por qué se consideran abusivas?
El Tribunal Supremo estableció que un interés superior al normal del dinero y notablemente desproporcionado puede ser considerado usurario, conforme a la Ley de Represión de la Usura de 1908. Desde entonces, numerosas sentencias han declarado nulos contratos de tarjetas revolving por aplicar intereses usurarios.
Pero no solo se puede reclamar por usura. También es posible impugnar estos contratos por falta de transparencia, cuando la entidad no explicó de forma clara y comprensible:
- El funcionamiento real del sistema revolving
- El impacto de los intereses en la deuda
- La duración previsible del pago
- El coste total del crédito
Muchos consumidores firmaron estos contratos sin ser conscientes de que podían estar pagando durante años sin reducir apenas la deuda.
¿Qué se consigue al reclamar?
Cuando un contrato de tarjeta revolving se declara nulo por usura o por falta de transparencia, la consecuencia es clara: el cliente solo debe devolver el capital prestado, y la entidad debe reintegrar todos los intereses, comisiones y gastos cobrados de más.
En la práctica, esto suele traducirse en:
- Cancelación total de la deuda pendiente
- Devolución de cantidades al cliente
- O compensación entre lo pagado y lo dispuesto
¿Quién puede reclamar?
Cualquier persona que tenga o haya tenido una tarjeta revolving puede reclamar, aunque el contrato sea antiguo o la tarjeta esté cancelada. No importa si la tarjeta es de un banco tradicional, una financiera o una entidad vinculada a grandes superficies comerciales.
Algunos ejemplos habituales de tarjetas revolving son: tarjetas de grandes almacenes, gasolineras, plataformas de pago aplazado o tarjetas “sin intereses aparentes” que esconden un sistema revolving.
¿Qué documentación es necesaria?
Para estudiar la viabilidad de la reclamación es fundamental contar con:
- El contrato de la tarjeta (si se tiene)
- Extractos o movimientos de la cuenta
- Recibos de los pagos realizados
Si no se dispone de esta documentación, se puede solicitar a la entidad financiera.
Conclusión
Las tarjetas revolving son uno de los productos financieros más perjudiciales para el consumidor medio. Su complejidad, unida a intereses elevados y falta de información clara, ha provocado que miles de personas hayan pagado cantidades desproporcionadas sin saberlo.
Si tienes o has tenido una tarjeta revolving, es muy probable que puedas reclamar y recuperar tu dinero. Un estudio jurídico especializado es clave para determinar la mejor vía: usura, falta de transparencia o ambas.
En nuestro despacho analizamos tu caso de forma personalizada y te acompañamos durante todo el proceso para defender tus derechos frente a las entidades financieras.

